Hace mucho que no escribía y esta noche tuve tiempo y ganas, pero sobretodo inspiración… hace poco mas de un mes regrese del gran viaje, ese viaje que mas que ´cambiar mi vida´ como cualquier persona expresaría, cambio mi perspectiva del mundo, pero sobretodo la perspectiva que tenia de mi misma…
No cambió mi vida, mi vida sigue siendo la misma, los superpoderes los adquirí mucho tiempo atrás, no soy mejor ni peor persona, simplemente ahora soy mas YO, con todos mis defectos y virtudes, simplemente YO apreciando cada detalle que existe a mi alrededor.
No voy a narrar el viaje, no intento describir lugares, simplemente voy a expresar sensaciones ligadas a situaciones que me hicieron crecer…
Maravillosa la Cordillera de los Andes, simplemente una imagen indescriptible que se puede observar desde la ventanilla del avión cuando se dirige de Lima a BsAs… Una combinación de amanecer, océano, la desértica costa peruana-chilena y posteriormente kilómetros de montañas nevadas… somos seres insignificantes ante el enorme mounstro sobre el cuál habitamos…
Buenos Aires, la ciudad que nunca duerme, y en la cuál yo permanecí despierta junto con ella. Alegre, romántica, histórica, cultural… enorme y bellísima. Caminar por sus calles te remonta a una imagen europea de una tarjeta postal, con edificios antiguos y arquitectura francesa, muy bien adaptada al continente Americano.
Dicen que cuando uno viaja debe aprender a percibir con todos los sentidos las cosas nuevas que se conocen, poner a trabajar el gusto, el olfato, la vista, el oído y el tacto… y lo hice, y me hizo muy feliz.
Pasta y pizza al por mayor, degustar con toda la calma del mundo una Fugazzeta (pizza de cebolla, con queso mozzarella y aceitunas) salida del horno de piedra, un espagueti o ravioles a la bologñesa o unas “argentinísimas” empanadas acompañadas de una cerveza espumosa y fría… sabores y olores que se quedan grabados en la memoria…
Caminar por esas interminables calles y avenidas observando aparadores, cafés, bares y restaurantes que a las 12 de la noche de cualquier dia de la semana siguen activos y muy animados. Vale la pena tomarse el tiempo para intentar mezclarse y participar en ese estilo de vida, llegar a un café-bar, sentarse en una mesa que se encuentre en el exterior, pedir un buen trago, una botana, cigarro en mano y una charla interesante y entretenida… observando como la ciudad sigue activa frente a ti aunque el sol ya se haya ocultado.
“Mate” una palabra corta, cuatro letras que encierran todo un significado, toda una cultura y todo un conjunto de costumbres que van fluyendo a través de las generaciones. Cada día que lo tomaba me hacía asociarlo con diversas situaciones todas igual de alegres y lindas (independientemente de que la “mateína” provoque en el cuerpo un estado de ansiedad, felicidad y alerta, dopamina sudamericana).
Terminé de redescubrir esta ancestral bebida una de las últimas noches en esta ciudad, recostada en una terraza, mirando como el sol se ocultaba y sintiendo como algunas gotas de lluvia chocaban con mi cara y escurrían por todo mi cuerpo para darle una magnifica entrada a un cielo estrellado iluminado por una enorme luna llena, mientras mi paladar saboreaba los efectos de esa amarga bebida combinada con el sabor de un cigarro barato (pero no por eso menos delicioso) e inundando mis oídos de sonidos agradables provenientes de un reproductor musical… tremenda experiencia multisensorial!
Y siguiendo con los sonidos agradables, un bandoneón dentro de una pieza de tango te hace viajar a otra época, y si a eso le agregamos una pareja bailando con toda la destreza y sensualidad que este baile expresa, te enamoras… te enamoras del arte, de todo lo que observas y lo que escuchas en ese contexto… te enamoras de los sonidos tan sensuales, tan tristes, tan diferentes acompañados de una iluminación tenue y unas siluetas fundidas en la música, donde dos bailarines se fusionan para crear una sola imagen entre sombras y diversos acordes.
Vale la pena vivir con todos los sentidos… asi fue como regrese de este viaje, con todos los sentidos al cien por ciento y feliz de darme cuenta que en nuestra fatídica y caótica realidad aún quedan cosas que podemos disfrutar, cosas sencillas como las gotas de lluvia, las estrellas o la luna…
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